
Desde que aquel segundo domingo de Adviento de 2011 la virgen de la Almudena se le apareció a la directiva y señaló a Simeone como el entrenador ideal para el Atleti las cosas a orillas del Manzanares parecían haber cambiado. Se aceptaba que la estrella más rutilante se tendría que ir para pagar los pecados económicos del pasado, pero se sabía que el bloque se mantendría. O eso se creía. Porque a la hora de la verdad, cuando cada uno de los integrantes de la plantilla ha resultado apetecible para otro equipo nos encontramos con que hasta el bloque puede ser desarmado. Por mucho que la directiva asegure que no necesitan vender y se remita a las cláusulas, la afición no está tranquila. Menos aún al ver como la libertad de los jugadores está cifrada en precios asequibles como consecuencia de la errónea política de la dirección deportiva: establecer las cláusulas como precios de venta y no como verdaderas tasas disuasorias.
Mientras que el título liguero y la sobresaliente participación en la Champions deberían haber asegurado un verano de calma e ilusión, nos encontramos con lo contrario. La sonrisa esbozada al recordar el gol de Godín en el Camp Nou se torna en mueca el pensar en el futuro. Habrá que esperar acontecimientos, pero ante las posibles salidas y llegadas, hay un dicho castellano bastante elocuente: todo lo que no mejora empeora.
Iván Fuente[social_link type=»twitter» url=»https://twitter.com/ivanindetapia» target=»on» ]https://twitter.com/ivanindetapia[/social_link]





















