
Simeone acertó con la tecla esta vez en los cambios. Sacó a Saúl para trabajar en el centro del campo en lugar de un Arda Turan que fue de más a menos. El turco lleva un mes gris donde sólo fulgurantes destellos inconexos de su talento alimenta la imaginación pero lamentablemente no gana partidos. Se encomendó el equipo a Fernando Torres, el eterno cuestionado. Los que son fieles al Torrismo lo son por encima de cualquier argumento. Los que le critican también. Hoy lo han tenido que hacer al menos con la boca pequeña.
Fernando Torres resucitó el gol de oro ese con el que se experimentó en torneos internacionales pero que lleva años inventado en los partidos de barrio, en la cancha de enfrente de casa o en la plaza dónde usas abrigos para señalar los palos, «el que marque gana», decía alguno siempre. Es una ley universal del fútbol real, el de la calle. Da igual que te haya hostigado tu rival media hora, incluso que vayas perdiendo, ese gol vale para resolver todo el partido.
La pugna por el balón inicial, la intimidación a Bailly, la carrera con potencia, el regate a Asenjo con suspense y hasta el genial recorte a Bailly y definición marcando son mucho más que un gol y tres puntos. Son una declaración de intenciones. Fernando vuelve a echarse al equipo a los hombros como cuando tenía 19 años y pega un puñetazo en la mesa, ¡aquí no se rinde nadie! Cada metro de campo se lucha y cada balón se disputa. Cholismo torrista o Torrismo cholista.
Con el regusto de la victoria final uno tiende a olvidarse de Oblak que lleva semanas mutando de portero a trapecista del circo del sol dispuesto a hacer paradas inverosímiles y volar para tapar lo que pocos porteros antes hayan podido parar. Hacemos mal, lo de Oblak no es casualidad sino causalidad. Trabajo y talento. Paciencia y personalidad.
Casi se rompió Asenjo y por un momento también se rompieron nuestros corazones (el de cualquiera que le guste el fútbol o no el de cualquiera que empatiza con el dolor injusto). ¡Ojalá quede en susto! Nadie merece tener tantas veces, tan mala suerte. Esperamos que no sea nada y deseamos que el único recuerdo amargo que le quede a Sergio Asenjo fue ese balón que casi le logró quitar en su carrera a Torres.
Sensacionales 200 partidos de Simeone como entrenador, 100 con la portería a cero. Tal vez no fuera el partido más memorable, tal vez el equipo pasó mucho más apuros de los que quisieran muchos corazones, pero grano a grano se hace granero y Simeone lleva cosechando felicidad en los corazones rojiblancos año tras año hasta llegar a estas cifras.
Simeone sabe que se le acaba la gasolina al equipo, que se le ven las costuras en cuanto hay un rival de entidad que tenga suficiente fondo de armario para mover el balón con rapidez. El Atlético es un púgil que sabe que tiene el combate ganado a los puntos pero que intenta resistir el último round sin recibir ese gancho mientras se tapa el hígado porque siente que cualquier golpe certero le mandará a la lona. Se termina la Liga y el Atlético sigue desfondado pero orgulloso porque ya lo dice Fernando dónde vale, sobre el campo, ¡aquí no se rinde nadie!
Ricardo Menéndez[social_link type=»twitter» url=»https://twitter.com/rickyam» target=»on» ]https://twitter.com/rickyam[/social_link]
Fotografía: Club Atlético de Madrid






















