CONTRACRÓNICA. Repite una y otra vez Simeone que en su equipo quiere hombres. Jugadores comprometidos, con sentimiento de pertenencia, ambiciosos y que nunca den la espalda al partido. Se fue Raúl García, pero queda Godín. De cuantos había hoy en el Calderón sólo el creyó en que la victoria caería del lado colchonero. Su fe peinó un balón en el último suspiro para que Griezmann marcase el tanto del triunfo. No fue bonito, seguramente no fue justo, pero el Atlético de Madrid tiene tres puntos más. Gracias a la fe de Godín, al oportunismo de Griezmann y a la seguridad de Oblak, que mantuvo la portería a cero otra vez. Qué porterazo.
El Atlético de Madrid tiene un problema. O varios. Su intensidad no es la de antaño, le falta claridad de ideas en ataque y, sobre todo, le falta gol. El equipo se ha reforzado mucho y bien en la parte ofensiva, pero no carbura. A los delanteros no les llegan balones de calidad y cuando les llegan se les hace de noche. Sirva de ejemplo Jackson. Si se tuvieran que valorar sus partidos sin contar lo que hace de cara a la portería no bajaría del notable, pero claro, se le fichó por sus goles. Y esos no llegan. Si el colombiano está mal sus compañeros no están mucho mejor. Griezmann está en modo guadianesco. Aparece y desaparece de los partidos con mucha facilidad. Por suerte para el Atleti hoy apareció al final. Su gol vale tres puntos importantísimos. Por lo numérico y por lo emocional. Tras dos empates seguidos y malas sensaciones, la grada del Calderón empezaba a murmurar y hasta pitó el cambio de Carrasco. Con el parón de selecciones por delante no ganar habría avivado ese runrún.
Quien no genera murmullos, sino ovaciones es Oblak. El esloveno tiene que aparecer poco, pero en las contadas ocasiones que lo hace salva al equipo. Frente al Sporting evitó el gol rival con tres paradones. Tener un seguro de vida atrás hace que la falta de gol penalice menos. Si el portero es una de las claves de este equipo, otra de ellas es Godín. Basta ver la última jugada para entender la ascendencia del uruguayo sobre el equipo. Y sobre la grada. El Calderón, lleno por el día de las Peñas, coreó su nombre durante varias fases del partido. Normal. Sus galones bien merecen ser reconocidos.
Fotografía: Tania Delgado






















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