El fútbol es un deporte de colores y estados de ánimo. El Atleti visitaba Vigo por segunda vez en 10 días y el Celta aprendió la lección. El guión visto en el partido de Liga se apagó entre la lluvia, porque de eso no se libran en Galicia ni en el día de Santiago. Y es pertinente hablar del encuentro de hace unos días porque Simeone presentó un once ‘de gala’ muy parecido al visto en Balaidos en Liga. Oblak, Juanfran y Vietto dejaron paso a Moyá, Gámez y Jackson. La Copa importa.
El Atleti saltó con esa consigna al campo, pero el Celta no se quedó atrás. El conjunto gallego tiene una espina clavada con esta competición y tras sufrir durante los primeros 10 minutos, igualó el ritmo y las prestaciones de los visitantes. Y ahí es donde empezaron a emerger las figuras. Godín y Savic se convirtieron en colosos más resistentes que la Torre de Hércules de la vecina Coruña, mientras que Guidetti nació como contrapunto a la seguridad defensiva rojiblanca. Tortura para Gámez y compañía.
Godín y Savic se convirtieron en colosos más resistentes que la Torre de Hércules
Orellana se hizo fuerte por un lado y Augusto convirtió los pitos continuados de Balaidos en suspiros de añoranza. El argentino dejó su carta de presentación en un casa que conoce muy bien. Incluso estuvo cerca de remover sus cimientos con su último gol, pero Gabi evitó que Augusto prestara su último servicio a la camiseta azul que defendió. La fuerza de la costumbre o un pequeño despiste, pero lo cierto es que es un color que contagia y que hoy brilló en Vigo, a pesar del cielo gris.
Un color gris que va en consonancia con el ataque rojiblanco. Bien es cierto que Savic con la cabeza, Jackson en un tiro colocado o Correa en última instancia en un centro de Gabi pudieron marcar, pero el frente de ataque estuvo gris. Griezmann tuvo problemas para encontrar su espacio con la presión y la intensidad del Celta. Carrasco se topó en banda con un lateral tan rápido como él, lo que no es habitual y Jackson tuvo suficiente con disputar una batalla aérea de épicas proporciones.
el partido de vuelta está marcado por los condicionantes externos con nombre propio, Sevilla y Barcelona
Con un ataque gris y una defensa dorada, el Atleti aplaza la resolución de la eliminatoria al Calderón. Conociendo la fiabilidad de este equipo se podría decir que un 0-0 no es un mal resultado, por aquello de mantener tu puerta a cero y jugarte el pase ante tu público. Sin embargo, las sensaciones no han sido del todo positivas y el azul celeste del Celta puede transformarse en gris humo. Las ascuas están prendidas y toca jugar con fuego por obligación, con el riesgo de quemarse.
Y lejos de cambiar el guión, el partido de vuelta está marcado por los condicionantes externos con nombre propio, Sevilla y Barcelona. La cuesta de enero le ha llegado tarde al equipo rojiblanco y cuando el mes da sus últimos coletazos el conjunto de Simeone se enfrentará al Sevilla en el Calderón y al Barça en el Camp Nou. Entre medias, el Celta espera agazapado su oportunidad, que sabe que puede ser única. Cuidado, porque los esfuerzos se pagan y este Atleti acumula muchos kilómetros en sus piernas. Azul celeste, gris… y el último color lo pinta el Calderón.
Fotografía: Club Atlético de Madrid























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