EL ONCE. Si hoy tuviésemos la capacidad de subir un ratito a los cielos, o al menos cerquita del místico tercer anfiteatro del Calderón -desde donde ven los partidos aquellos que se fueron uniendo al santoral rojiblanco- quizá podríamos atrevernos a interrumpir una sobremesa de la que a buen seguro disfrutarán juntos esta tarde el Pechuga y Luis. Y quizá podríamos preguntar a Zapatones cómo ve el partido y cómo espera que sea la venganza 42 años después. Y seguramente nos miraría por encima de las lentes de sus gafas y nos diría que eso son cosas de la prensa y de la afición, y que los que van a estar en el césped nada tienen que ver con los del ’74.
Es probable que nos saliese con que hay 180 minutos por delante y que los que jueguen tienen que ganar por lo civil o por lo criminal, pero no por los que estuvieron en Bruselas, sino por ellos mismos y por los cincuenta mil que van a llenar las gradas y los millones que lo verán en su casa o en el bar. Le imagino diciendo que ya está hasta el gorro de ver el hueco vacío de la Copa de Europa en las vitrinas del Manzanares, que solo vale ganar y volver a ganar, y que lo demás son cuentos. Refunfuñando nos diría que le dejásemos tranquilo, que estaba a punto de empezar la partida de mus con el Pechu y cuando nos dispusiésemos a volver al lado de los mortales es casi seguro que nos interrumpiría para decirnos: “…y dígale al Niño que hoy va a meter dos”.
Hoy la alineación no la hará Luis, sino otro de los pilares del club: Simeone. El Cholo cuenta con bajas importantes y con un grupo muy joven e inexperto pero ha conseguido que todo el mundo crea que se puede. Mientras en el banquillo esté él, no hay razón para no creer. No importa que los que jueguen hoy tengan poca experiencia en este tipo de partidos. Nadie cae en la cuenta de que de los once que salten al campo sólo cuatro jugaron contra el Chelsea en un partido de semifinales como el de hoy, bueno, también estaba Torres, pero iba vestido de azul. Y sorprendentemente a nadie le preocupa que en la zaga no esté uno de los mejores centrales del mundo como Godín, o que un chico de diecinueve años sea el encargado de sustituirle. Si el Cholo está, todos creen, para desgracia de Rummenigge.
Bajo palos estará Oblak, que solo ha recibido cinco tantos en lo que va de competición, y que espera volver a dejar a cero el casillero visitante, sabedor de que por ahí pasan buena parte de las opciones de estar en Milán. Para ello contará con la ayuda de una zaga sin su jefe, pero no exenta de carácter. Lucas, a base de una solvencia asombrosa en un chico tan inexperto, se ha ganado un puesto fijo como central izquierdo. El derecho, casi con total seguridad será para un Giménez que aún no ha recuperado el tono físico tras su reciente convalecencia, pero con el que su entrenador se siente más seguro. En los laterales sí veremos a dos hombres curtidos en estas lides como Filipe y Juanfran. ¿Quién no recuerda el partido de ambos en Stamford Bridge?
En el centro del campo, la más que probable baja de Carrasco — que no ha entrenado desde que se marchase tocado del campo en el partido del sábado ante el Málaga — abre la puerta del once a Augusto y obliga a modificar ligeramente el dibujo. Junto a él en la zona de contención estará Gabi, que ayer en rueda de prensa elogió el juego combinativo del equipo de Guardiola para terminar diciendo que es algo que contrarrestarán “de la mejor manera”. Veremos con qué nos sorprende Simeone en este sentido. En los costados jugarán Koke y Saúl.
La delantera estará formada una vez más por Torres y Griezmann. El francés tiene hambre de partidos como el de hoy y espera suplir su inexperiencia a base de esas ansias de comerse el mundo que le caracterizan. Tras anotar los dos goles que dieron el pase ante el Barcelona, sabe que tiene en su mano subir el peldaño que le falta para situarse en el top diez de delanteros a nivel mundial. Como compañero para la batalla tendrá al alma del Calderón, el niño que debutó con diecisiete años una mañana en Segunda División, que se partió la cara por devolver al Atleti a su sitio y que se tuvo que marchar sin completar su obra. Hoy Torres sabe que tiene ante sí la cita con la que siempre soñó, ni siquiera las noches de Viena o Johannesburgo pueden compararse con el partido en forma de cuento con que le dormía el abuelo Eulalio. Luis, aunque refunfuñe, sabe que Fernando volvió para esto: para vengar la memoria de nuestros mayores y llenar un hueco que, 42 años después, sigue vigente en el corazón de quienes lo vivieron y en la de otros a los que nos lo contaron. Que ruede al balón.






















