San Oblak

A ‘Luisón’, que en todo momento estuvo en boca de los 2.800 creyentes que asistieron al Allianz Arena motivados por la importancia del partido y por la deuda histórica que quedaba pendiente desde hace cuarenta años, le hubiera dado un parraque de niveles insospechados al ver a Jan Oblak coloreado de amarillo desde la cabeza hasta los pies saliendo a un partido en el que había en juego un billete a la final de la Champions League. «Usted se cambia ya de equipación», le espetaría, visiblemente irritado, en la caseta recordando la superstición que le genera ver ese color en un terreno de juego.

Probablemente el bueno de Luis se replantearía a su edad sus fobias más primarias a raíz de ver cómo un tallo de 1’88 metros empequeñecía con absoluta sencillez las gigantescas dimensiones del Allianz Arena. Porque la actuación que firmó Jan Oblak en la vuelta de las semifinales contra el Bayern de Múnich supera cualquier adjetivo o calificativo con el que se pueda comparar. El muro que levantó el meta esloveno es el argumento principal que explica la presencia del Atlético de Madrid en la final del sábado 28 de mayo en Milán.

El de Škofja Loka resucitó al Atlético de Madrid cuando perdió el latido y lo empujó desde su portería a creer en los imposibles. A pesar de los dos goles que encajó, en los que no pudo hacer absolutamente nada humano para evitarlos, Oblak se puso la capa de superhéroe en el momento en el que más se le necesitaba. Después de protagonizar una dramática tanda de penaltis contra el PSV Eindhoven, acertó con el lado que escogió el germano Thomas Müller desde los once metros para mantener con respiración al cuadro madrileño antes de iniciarse el segundo periodo de la eliminatoria.

Photo by Adam Pretty/Bongarts/Getty Images
Photo by Adam Pretty/Bongarts/Getty Images

Su capacidad de respuesta ha generado pesadillas para unos — los Lewandowski, Ribery, Douglas Costa, Arturo Vidal, Müller y compañía — y sueños húmedos para otros — los aficionados del Atlético. No fue un día más en la oficina para Oblak, acostumbrado a tener poco trabajo cada domingo. Desmontó en 90 minutos el simplista análisis que reduce sus históricos números a la buena salud de la que goza el perfecto sistema defensivo que ha construido Diego Pablo Simeone. Él tiene mucho que ver en esa fortaleza.

Hasta en 35 ocasiones chutó el Bayern de Múnich en busca de decantar la balanza a su favor y en doce ocasiones probó con disparos que se toparon con las manos duras de Oblak. Porque lo más rescatable de su sobresaliente actuación es que la mayoría de ellas las blocó (9 de 12) de primeras, restando cualquier opción a los muniqueses de rentabilizarlas mediante una segunda jugada. La seguridad del internacional por Eslovenia es tal que se siente cómodo atacando el balón en lugar de esperarlo. Su relevancia en el resultado final hizo que Simeone no dudara en señalarlo como principal responsable: «Nosotros no pudimos responder a lo que nos estábamos encontrando y creo que la reacción empezó a aparecer a partir del penalti que paró Oblak. Hablamos en el descanso de lo que somos», justificó el técnico argentino.

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MUNICH, GERMANY - MAY 03: Goalkeeper Jan Oblak of Atletico Madrid reacts as Atletico Madrid players celebrate after the UEFA Champions League semi final second leg match between FC Bayern Muenchen and Club Atletico de Madrid at Allianz Arena on May 3, 2016 in Munich, Germany. Bayern Munich won the match 2-1, but Atletico Madrid reached the final on the away goals rule. (Photo by Adam Pretty/Bongarts/Getty Images)
MUNICH, GERMANY – MAY 03: Goalkeeper Jan Oblak of Atletico Madrid reacts as Atletico Madrid players celebrate after the UEFA Champions League semi final second leg match between FC Bayern Muenchen and Club Atletico de Madrid at Allianz Arena on May 3, 2016 in Munich, Germany. Bayern Munich won the match 2-1, but Atletico Madrid reached the final on the away goals rule. (Photo by Adam Pretty/Bongarts/Getty Images)

Mientras todos celebraban en corro la gesta, ‘el Cholo’ buscó a su héroe para fundirse en un abrazo de reconocimiento en el que sobraban las palabras. La competición que le vio caer a lo más bajo, con un indecoroso estreno en El Pireo en el que encajó tres goles en cuestión de cuatro disparos, lo aupó hasta la gloria al consagrarse en una tanda de penaltis de infarto contra el Bayer Leverkusen. Desde entonces, Oblak, al que la directiva y la secretaria técnica lo quisieron usar como moneda de cambio el mismo mes en el que fue fichado para abaratar el coste total de Nico Gaitán, se ha ganado el derecho propio a ser un intocable. En la Ribera del Manzanares siguen dando gracias a Luis Filipe Vieira.

Fotografía: Adam Pretty/Bongarts/Getty Images.

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Victor Manuel Molina Pozo
Victor Manuel Molina Pozo
Periodista | Experiencia en Europa Press, Atresmedia (Antena 3, LaSexta, Fórmula 1 y Champions Total), El Economista y VAVEL.

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