OPINION. La renovación de Torres ha sido un proceso tortuoso donde ha dado la sensación de que el club ha manejado con egoísmo el deseo público del jugador de continuar. Prosigue la caza del ‘nueve’ (y el estupor de muchos seguidores) que no entienden por qué se valora más lo de fuera. En vez de recompensar la fidelidad a los colores se ha castigado la honestidad y no jugar más que a una carta: la rojiblanca. Gran parte de la afición no entiende que no se premie llevar con orgullo el escudo sino que se castigue negociando a favor de viento y jugando a dos barajas.
Antes de comenzar, admito mi profundo desconocimiento acerca de cómo sucedió la operación al detalle, tanto en el momento como en la posición de las posturas. Sólo pretendo hablar como un aficionado y dar voz a la opinión de miles (quien sabe si más) sobre cómo se renovó a Torres.
«Muchísimos aficionados no entienden por qué no se recompensa la fidelidad (y rendimiento) de Torres con dos años de contrato»
Tanto se demoró y tan poco creíamos que nos atañía, que cayó en el olvido sin razón aparente. Salvo en el lugar melancólico de aquellos más reacios que con frecuencia hacen memoria de lo gestado en el espacio. En la encrucijada de los colosos, mientras el mercado abre y aprieta, se centraron en lo externo. Hubo un tiempo que mirábamos más nuestro ombligo, cuando éramos más Atleti y menos bazar. Aquellos instantes dábamos importancia a cualquier alusión, a pesar de que incluso no la tuviese. Algo más de sentimiento.
«Cuando eramos más Atleti, importaba más lo nuestro; hoy importa más lo externo»
Tras meses metidos en una confluencia de razones, de sentidos y de intereses, conoció la luz el acuerdo que vincularía a ambas partes un año más. Torres, se habría resignado al devenir de la negociación, permanecería un año más con la elástica rojiblanca. El aficionado recibió la noticia como algo esperado, sin ilusión. Esperando otra transacción en el sentido contrario.
«Tanto tardó en cuajar la negociación de la continuidad de Torres que se recibió sin ilusión»
Sin revisar las hojas anteriores de los capítulos revestidos de objetivos, no fue nadie quien públicamente se retractara de poner en tela de juicio su valía. Simplemente se extendió otro folio y se redactaron otras cláusulas, para validar de nuevo un acuerdo empañado. Tanto sacaron pecho del sentimiento que al final se escondieron a la hora de la verdad. Dentro de 365 días, o tal vez menos, andaremos con las mismas. Igual la imagen del club no será la misma, pero sí lo será la del jugador. Tal vez Fernando optará por tomar las riendas y señalar a aquellos que miran mucho antes la cartera que al corazón. Al final, quiénes olvidan su historia, están condenados a repetirla.
«En 365 volveremos a estar en el mismo punto. La imagen del jugador intacta, la del club no»
Fotografía: Esto es Atleti / Álvaro Moreno






















