CONTACRÓNICA. Uniforme planchado, medias subidas y botas bien atadas. El Atlético de Madrid empezó un nuevo curso con la ilusión del niño que añora el colegio y que lleva medio verano pegando patadas a un cubo con arena de cualquier playa del Levante español. Lejos quedó el suspenso cosechado en mayo y el balón guardado en la mochila entre cuadernos y lapiceros prometía ser el mejor bálsamo para las heridas. Sin embargo, el patio del colegio no es el mismo que anhelaba ese muchacho.
El cercano cierre del Vicente Calderón, el lugar de recreo de este niño apasionado, ha sido escusa para romper con las viejas costumbres. Las porterías no son rojiblancas, sino que lucen de un irreconocible blanco y los dorsales dibujados con tiza son cosa del pasado por orden y mandato de impolutos directores que vigilan desde sus ventanas. Quizá tontería, quizá algo más, pero el Atlético de Madrid salió al patio un tanto apagado, como suspirando por todo lo vivido entre los muros del coloso rojiblanco.
Un chaval alto, fuerte y con acento del norte decidió que hoy sólo se jugaba al empate
En ese suspiro, cerca del omnipresente ramo que un día apareció y que nunca volvió a faltar, este niño se llevó la primera colleja del curso. A pesar de contar con compañeros nuevos venidos desde Sevilla o Lisboa, al Atlético de Madrid no consiguió vencer en su primera jornada escolar. Un chaval alto, fuerte y con acento del norte decidió que el patio hoy era suyo y que sólo se podía jugar al empate. En esta caso las normas las puso el que no era dueño del balón… ¡Y se salió con la suya!
A pesar de los intentos del Atleti por perforar la meta rival, el feliz recreo que tenía que haber supuesto el regreso al Vicente Calderón se tornó en angustioso. De blanco al negro casi sin pasar por el rojiblanco, porque en el viejo colegio es costumbre sufrir, incluso cuando ese Niño pecoso que apenas hace ruido se inventa un desmarque. Penalti entre el área, el campo de basket y la rayuela. Gol de Gameiro. La sirena prometía desenlace feliz, pero el norteño chaval no se fue sin imponer su empate.
Sólo Simeone puede calmar a este niño que ha sufrido un pequeño tropezón
Corajina de camino a casa y palabras de consuelo de papá para recordar que no es más que el principio y que la actitud ha sido buena. Sólo Simeone puede calmar a este niño que ha sufrido un pequeño tropezón, sólo él puede recordarle que es el primer día de escuela y que quedan muchos exámenes por superar. Días así se han visto en el Vicente Calderón a patadas, pero no quedan tantos por ver. Simeone lo sabe y este niño también. Ahora a descansar. Este niño ya duerme tranquilo a pesar del enfado, no alteremos su sueño.
Fotografía: Esto es Atleti / Álvaro Moreno






















