Cretino – adj. estúpido, necio (RAE)
OPINIÓN. Déjenme descontextualizar, para poner todo en contexto. ¿Se imaginan si una persona que encuentra asiento en un autobús atestado, se dedica desde ese último asiento libre a reírse de los que van de pie en vez de descansar y disfrutar del trayecto? ¿Se imaginan ganar la lotería y que la mayor alegría de ganarla fuera recordar a todos alrededor que ellos no la ganaron? ¿Que dirían de personas así? Probablemente respondan que ser agraciado con un privilegio y no disfrutarlo es la definición misma de ser un cretino y un pobre diablo, ¿verdad?
Déjenme recontextualizar ahora. Minuto 93, décima, undécima, los cánticos que recuerdan la final de Lisboa,… no me entiendan mal, aceptar la derrota es parte de prepararse para la victoria, incluso contra el rival más vanidoso y autocomplaciente del planeta. Hoy le leí a un amigo, «espero que mi eterno rival me odie (deportivamente), todo lo demás sería menospreciarme y eso ya lo he vivido». No tengo problema en que me quieran ganar cada vez que se enfrenten a mi, ni que sean vanidosos en la victoria, en el fondo su vanidad es problema suyo. Allá ellos. Lo que me solivianta es que se ha borrado la línea que separa al aficionado del que habla del aficionado y del deporte en general.
Hoy fue de esos días que estallaron las redes sociales por poco más que una cuita entre aficionados que llevaron un caso cotidiano de mal perder y peor ganar, muy mal gestionado a una escala planetaria. No sorprende en realidad que una de las mayores rivalidades del mundo generara una de las mayores escaladas de reproches que recuerde Twitter.
Pronto los diarios digitales primero y la mayoría de medios después se lanzaron en tromba a contarlo. El sesgo con el que se ha contado lo sucedido rayó lo chabacano en demasiados casos para considerarlo anécdota. Se volvía a imponer el discurso oficialista que desde Barcelona se ha venido a llamar con sorna ‘la caverna’ o la ‘meseta’ para describir como una noticia se adapta de manera partidista para satisfacer a la clientela más numerosa, creando malestar en la otra parte a la que se retrata como victimista. El cuento de la mentira contada mil veces.























