HISTORIA. Casi no nos hemos dado cuenta, pero hoy se cumple una década de uno de los días más duros para la hinchada rojiblanca. Un 4 de julio de 2007, el canterano más importante del club en 30 años se despedía del equipo en el que soñaba jugar de niño. A sus 22 años, dejaba a sus espaldas 244 partidos con la rojiblanca, 91 goles y 38 millones de euros en la famélica caja registradora.
Estando de vacaciones en la Polinesia, una llamada inesperada de Rafa Benítez terminó por convencerle. Se iba. Lo tenía decidido. La Premier League le esperaba, y como consuelo le quedaba el dejar una suma importante para que el equipo de sus amores pusiese comenzar a crecer. Incluso esa cifra podría evitar, qué cosas, la venta del Calderón.
Fernando Torres se despedía en la sala de prensa del Calderón por la mañana, y por la tarde las fotografías junto a Benítez con la bufanda de los reds daban la vuelta al mundo, mientras a los aficionados rojiblancos se les iba lo único que había mantenido viva la llama de la esperanza en esa búsqueda por recuperar la grandeza perdida.
Aquél chico de Fuenlabrada batió todos los registros en Anfield Road, siendo el jugador debutante en Premier que necesitaba menos partidos para llegar a la cifra de 50 goles. Formó una dupla de excepción con el capitán Steven Gerrard, y por fin supo lo que era jugar la Champions.
Nunca caminó solo, pues gran parte de la afición rojiblanca seguía los partidos del Liverpool haciéndose un poco red y, sobre todo, hizo suyos los triunfos del niño con la Selección, con mención especial para el gol en Viena para hacer campeona a España. Por su parte, Torres, siempre aprovechó cualquier oportunidad para declarar su amor incondicional por el equipo del que siempre fue hincha.























