El unocerismo bien jugado

OPINIÓN: El Atleti ha dejado de transmitir tranquilidad y seguridad. Su juego defensivo, otrora controlado en un 99%, ahora es un drama, con concesiones continuas en el área propio que no se ha visto desde que llegara Simeone.

¿Qué es jugar bien? ¿Qué es jugar mal? El concepto, abstracto, está siempre sujeto a opinión y durante toda la historia del fútbol la teoría sobre si es mejor practicar un juego más táctico o uno más alegre ha ido cambiando. Y es una pena. No existe un baremo, a día de hoy, que sea capaz de medir qué fútbol es mejor que otro. Que alguien me diga a mí por qué es más bonito o mejor el passing game que el patapúm a seguir. Ningún fútbol es mejor que otro, si se hace bien jugado. Vivimos en la actualidad un momento de la historia en el que el juego de toque, el aclamado tiki-taka, y el fútbol de posesión, se han convertido a ojos de aquellos llamados expertos en el fútbol bonito. En cambio, hace décadas el catenaccio se entendía como la forma más bonita de jugarlo. Y como en todo lo que tiene que ver con evaluar colores o sentimientos, el fútbol es subjetivo. Puede ser entendido como una coreografía de baile, estética pura, alegre o como una partida de ajedrez, esperando el movimiento erróneo del rival para asestar un golpe a sangre fría.

El fútbol se creó para diversión y alegría de los niños, y para victorias de los mayores. Jugar a defender y hacerlo bien es un arte. Que se lo digan a Italia y a los italianos, que ostentan cuatro títulos mundiales a base de rigor táctico y aprovechamiento de cada balón en posesión. Que se lo digan a Alemania, la máquina mejor engrasada capaz de dominar todos los registros. A mí se me saltan las lágrimas viendo cómo los 11 jugadores se mueven acompasados para cerrar las llegadas del rival como un perfecto acordeón, cómo Fulano le hace la cobertura a Mengano, cómo unidos, como hermanos, como un batallón de guerra, los tipos sobre el verde matarían por no conceder un solo centímetro del campo. El fútbol es el qué, sin importar el cómo. El Italia-Bélgica de la Euro 2016 es una obra de arte, de culto, un partido que todo aficionado a fútbol y candidato a entrenador debería ver.

El Atleti de Simeone era hasta esta temporada la mejor representación del unocerismo (ganar 1-0) bien jugado, llevada a su máximo exponente en aquella maravillosa 2013-2014. El Atleti no sufría ni un ápice en el 99% de los partidos. Se ponía por delante en el marcador… Y se acabó. A veces doblaba su ventaja y en ocasiones incluso se permitía golear, ante las facilidades de un rival desbocado obcecado en chocar una y mil veces con una pared.

El Atleti era el equipo inexpugnable por arriba, el equipo cuyas ayudas por dentro le hacían ser invulnerable, el equipo que, pese a estar encerrado en su campo durante 89 minutos, nunca sentía el miedo. Controlaba cada minuto de cada partido. Simeone logró lo nunca esperado: Que el aficionado rojiblanco viviera los partidos tranquilo, sin nervios, sin ese sufrimiento que tan arraigado ha estado siempre a la historia del club.

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Esa solidez, esa infranqueablidad, ese unocerismo bien jugado ha ido derivando y evolucionando con el paso de las temporadas a peor. Y esta temporada, el giro ha sido de 180º comparado con la de aquel grupo que ganó la Liga y se quedó a un par de minutos de levantar la orejona. Cada partido es un drama, cada balón aéreo es un suspiro y cada segundo que el rival tiene la posesión, que suele ser casi siempre, es un suplicio. Y así, vuelven los disparos al pie, los goles tras una serie de catastróficas desdichas y vuelve la mujer barbuda.

Por eso Oblak (antes Courtois) se caracterizaba por pasar desapercibido en los partidos o hacerlo en una o dos ocasiones de manera providencial y ahora es el mejor jugador partido tras partido con una parada de mérito detrás de otra. Ha vuelto el sufrimiento porque este Atleti ha mutado en el unocerismo mal jugado. Y el unocerismo mal jugado no es sinónimo de victoria segura, como sí lo es el bien jugado.

Jugar a defender y hacerlo de manera equívoca y con errores es jugar mal. Como jugar a atacar y al tiki-taka y encajar 3 o 4 goles por partido. Y lo es por el simple hecho de que no estás logrando hacer lo que quieres, lo que entrenas y para lo que has trabajado durante días, semanas. Buena muestra de la debilidad del Atlético este año está en el análisis de los goles encajados: Todos vienen de centros laterales. Lo cierto es que en el inicio de esta temporada el equipo quiere jugar a lo de siempre, que tan buenos resultados ha dado en la mejor época de la historia del club, pero la determinación de los jugadores no es la de entonces. No es la correcta. El miedo se apodera de la afición, se transmite al césped y este Atleti, tras dos meses de competición, es unocerismo mal jugado.

Fotografía: MIGUEL RIOPA/AFP/Getty Images.

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