EUROPA LEAGUE. El cruce con el equipo danés hace recordar a Jesper Gronkjaer, su último gran jugador representativo, que hizo historia con el equipo de la capital danesa e ilusionó al Atlético en su paso fugaz en 2005 después de contribuir a que el Chelsea fuera el equipo top que todos conocemos hoy.
Jesper Gronkjaer tenía solo 17 años cuando el Thisted, equipo donde había jugado toda su infancia, le confirmaba que le habían traspasado al Aalborg, uno de los gigantes de la Liga danesa. Entonces, ya bien pasada la pubertad, había logrado espantar esos fantasmas que querían alejarle del fútbol y convertirle en atleta de élite. El extremo danés (aunque nacido en Groenlandia), un rayo por cualquiera de las bandas, tenía marcas de sprinter contrastado y varios interesados en que cambiara el césped por el tartán. Corría los 100 metros lisos en menos de 11 segundos, una cifra prometedora si añadimos que apenas tenía entrenamiento en la especialidad y que el récord danés para la distancia se mantiene en un alto 10.26s.
Pero el destino quiso que Gronkjaer jugara tres años en el Aalborg (más de 100 partidos y varios títulos individuales bajo el brazo) antes de recalar en un Ajax de Ámsterdam que no era más que sinónimo de éxito para todos los jóvenes que lo utilizaban de puente antes de llegar a la gran Europa. La academia de Ámsterdam, posiblemente la más importante de la historia del panorama fútbol, no dejaba de preparar productos para enviar a las mejores Ligas. Jesper, tras dos años, una Copa y un título a mejor jugador de una plantilla donde cohabitaba con jugadores de la talla de Brian Laudrup, Van der Vaart o Chivu, probó fortuna en el Chelsea.
Fue figura en el ájax de ámsterdam y se ganó jugar en el chelsea. allí marcó el gol que cambió la historia del club de londres
Se granjeó un nombre en el máximo nivel en cada una de las cuatro campañas que vistió el uniforme de los blues, que no pesaba tanto, no tenía el lustre de la exigencia que hoy impera bajo el mandato de Roman Abramovich. Y es que el Chelsea de Gronkjaer fue el Chelsea Pre-Abramovich, que sin el danés en la plantilla, podía no haber existido. Poniéndonos en situación, corría la última jornada de la Premier League 2003-2004 y Liverpool y Chelsea se medían en Londres con una plaza para acudir a Champions League de manera directa en juego. Y el Chelsea empataba y eso no le valía, hasta que Jesper Gronjkaer agarró el balón en la banda derecha, tiró una diagonal a trompicones y acabó sacando un zurdazo que se coló pegado al palo de la portería de los reds.
Aquel gol supuso que el Chelsea, acostumbrado a pelear en la zona media de la tabla, accediera a la Champions League de manera inesperada y que Roman Abramovich, ese magnate que llevaba semanas buscando un club que añadir a su patrimonio, acabara atracando sus yates en Londres y poniendo sus petrodólares al servicio de Stamford Bridge. Aquel gol, que le insufló un extra de 20M de libras a las arcas del equipo londinense, fue bautizado como el gol del billón de dólares, que es lo que se calcula que el magnate se gastó en sus primeros ocho años como propietario del club, el tiempo que necesitó para alzar la orejona. No en vano, para la afición, está considerado como el gol más importante de su historia, pues sin él, nunca habría llegado todo lo demás: 5 títulos de liga y tres subcampeonatos en 13 años, una Champions League, una Europa League y diversas Copas y Supercopas nacionales.
Aquel gol hizo que el Chelsea lograra la segunda plaza de la Premier League, evitase una fase de clasificación que habría resultado durísima y accediera de manera directa al mayor torneo continental. Y que Abramovich, que tenía más de una opción donde elegir y ya escuchaba cantos de sirena de otros clubes de igual trayectoria, se decantara por los blues.
La llegada del dinero hizo que la plantilla del Chelsea sufriera un cambio radical y uno de los afectados fue el propio Gronkjaer, que hizo las maletas y se mudó al Birmingham, entonces con un proyecto tentador pero que acabó rindiendo de mala manera. Por eso, solo permaneció unos meses, antes de que lo fichara el Atlético de Madrid en enero de 2005. Su llegada se anunció a bombo y platillo en invierno con el debut ante el Real Madrid en el horizonte y una rueda de prensa de presentación sonrojante en la que Enrique Cerezo se hizo más de un lío con su nombre.
solo estuvo seis meses en el atleti, jugando 16 partidos, dejando buenas sensaciones pero se marchó al no acostumbrarse a la vida en un país tan distinto al suyo
Gronkjaer era una de esas figuras que trasmitía la misma frialdad que fiabilidad y seguridad. Era un jugador solitario, calmado, familiar, alejado de los focos y con necesidad de espacio. Algo así como lo que es Raikkonen en la Fórmula 1, Stoner en MotoGP y Froome en el ciclismo. El currículum del danés llenó de expectativas a una hinchada rojiblanca falta alegrías por un equipo carente de talento que se tambaleaba en mitad de tabla sin pena ni gloria y, ciertamente, Gronkjaer hizo un buen semestre. Titular en casi todos los partidos desde su llegada, hizo suya la banda derecha para jugar a pie cambiado como más le gustaba.
En un equipo con una alarmante falta de puntería que acabó con solo 40 goles a favor (de las peores marcas en toda la historia del club), el danés acabó el curso sin repartir asistencias ni marcar goles en sus 16 apariciones. Se fue en verano, achacando su marcha a una morriña y una ansiedad propia de aquellas personalidades tan marcadas cuando son alejadas de su zona de confort. Por eso, aunque el club quería su continuidad y la grada estaba contenta con su rendimiento, el danés pidió salir hacia un lugar más parejo a su Dinamarca natal. El Stuttgart fue su destino, allí en Alemania, mucho más cerca de su domicilio familiar.
Pero su estadía en Alemania tampoco fue muy duradera y tras una temporada, dejaría un equipo que sería campeón de Liga imponiéndose de manera inesperada al todopoderoso Bayern Múnich. Gronkjaer volvió a casa, se enfundó la camiseta del Copenhague, el gigante danés, y ya no se la quitó hasta su retirada, en 2011, con 33 años. Vistió durante un lustro la camiseta del próximo rival colchonero en la Europa League.
ganó 4 ligas de dinamarca y es considerado uno de los mejores jugadores de la historia del cophenague y su último gran referente
De hecho, en 2008, en la visita del Atleti a Dinamarca en aquella edición de la misma competición, Gronkjaer formaba parte de aquella plantilla. No pudo disputar ningún minuto por lesión. En una temporada que se tornó fatídica para él, rompiéndose la rodilla en mil pedazos y acabando como consecuencia con su punta de velocidad. Esa que había aterrorizado a cada lateral al que se había enfrentado.
Ya entrado en la treintena, esa lesión hizo que Gronkjaer tuviera que reciclarse como futbolista. Maduro y líder, se convirtió en uno de esos asesinos con cara de niño que son más peligrosos por su cabeza que por su fútbol. Se alejó un poco de la banda y buscó más la mediapunta y su calidad entre líneas. Gronkjaer colgó las botas en 2011 con un palmarés tan grande como su fútbol. Cuatro Ligas de Dinamarca, una Copa en Holanda y numerosos distintivos individuales. Participó en dos Eurocopas y en dos Mundiales con Dinamarca, selección con la que jugó más de 80 partidos (es uno de los 15 jugadores con más internacionalidades).
Cuando acabó su vida en el verde, Gronkjaer siguió ligado al Copenhague, haciendo funciones de embajador del club hasta que le reclamaron los medios de comunicación. Ahora ejerce de comentarista para la televisión danesa (aunque ha estado unos meses alejado de las cámaras por una situación de estrés) y ha vuelto a jugar al fútbol en equipos amateur. Gronkjaer no hizo historia en el Atleti, que lo compró por dos millones de euros y lo vendió por seis solo unos meses después, pero sí es una parte de la historia del club. Una de esa más oscura, cuando la mediocridad se apoderaba de todas las facetas de la institución. Él, eso sí, siempre asomó la cabeza entre tanto gris.
Fotografía: Denis Doyle/Getty Images.























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